Logística, una lección histórica

Los que conozcan las playas de la Normandía francesa, quizás hayan tenido la misma sensación: pisar suelo histórico de verdad.

Arenas doradas que en la bajamar no cuesta mucho imaginar repletas de soldados y vehículos anfibios y, al fondo, cientos de buques de aprovisionamiento: el escenario de la mayor operación logística moderna.

He podido visitar otra vez este verano (esta con más pausa y conocimiento de causa logística) esas playas normandas que están de aniversario, el 75°, del Día D: el 6 de junio de 1944. El espectáculo, a poca imaginación que se tenga, es apabullante. Especialmente en los cientos de metros de largo y decenas de ancho de Omaha Beach, quizás el escenario principal de este drama contemporáneo que cambió el devenir histórico. Y, de paso, dio carta de naturaleza y el pistoletazo de salida a la logística moderna.

Si bien la logística siempre ha sido deudora del estamento militar, en la que hunde sus raíces, nunca había sido tan decisiva. Ni tampoco había dejado un legado tan importante y cercano como tras las operaciones del Desembarco. En realidad de toda la II Guerra Mundial.

La logística como arma estratégica
Sin embargo fue el Día D el que probó y demostró la importancia estratégica de la logística. La definición “en el momento oportuno y en el sitio justo” fue auténtica llave de la Operación Overlord, nombre en clave de la operación aliada que se desarrolló en el noroeste galo.

Las cifras de las primeras 24 horas del son a la vez apabullantes y demostrativas de su magnitud: cinco playas de desembarco en un arco de más de 100 km, decenas de miles de soldados (solo en la primera oleada, de los no menos de ¡3 millones! preparados), 5.339 buques de los que 4.126 eran de transporte, 27.000 paracaidistas, un puerto mercante ¡portátil!… etc.

Al margen del foco bélico, me quedo con la resolución de problemas logísticos por parte de los Aliados (como el mencionado puerto) y la invención de soluciones o su aplicación a gran escala en esta operación anfibia, que se quedaron y fueron cimiento de la logística moderna. Entre ellas algunos “saltos tecnológicos” en morfología y capacidad en máquinas antecesoras inmediatas de las actuales carretillas elevadoras; los contenedores marítimos y sobre todo el palé.

El ámbito militar siempre ha proporcionado avances tecnológicos luego aplicados al civil. El último y más visible seguramente el GPS. Lo deseable, sin embargo, es que no tengamos que depender para uno de esos momentos de oro donde se agolpan un puñado de nuevas aportaciones a la logística –o a cualquier otro sector- de un conflicto bélico, y mucho menos a escala global. Las miles de cruces blancas que jalonan las decenas de cementerios normandos así lo dicen.

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